24/09/2015

Contratapa

Reflexión

Viajar para saber de donde

Por: Nicolás Salvi
En julio de este año, tuve la suerte de recorrer el Norte y Este de Europa. Era un viaje deseado hace tiempo, no sólo por el placer turístico, sino por la oportunidad de conocer a gente de lugares lejanos, tanto en el mapa como en la idiosincrasia cultural.
Ampliar (1 fotos)

Paisaje de Europa

Recorrí partes de Alemania, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Estonia y Rusia. Pude explorar los paisajes, los olores, la gente, la comida, los modales y los gustos de cada pueblo.

Este viaje me permitió reflexionar acerca de mi propio origen, algo que en Argentina no siempre es fácil de resolver. ¿Qué somos?, ¿De dónde venimos? Por mi parte, soy hijo de italianos, pero nací en el litoral rionegrino y hace 7 años que vivo entre Las Termas y Tucumán.  A lo largo del viaje, no sabía muy bien de dónde decir que vengo.

Podía decir que soy “de Argentina”, pero... ¿Qué es ser Argentino? País federal, compuesto por 24 distritos autónomos, habitada en su mayoría por descendientes de etnias europeas o sudamericanas. Quizá sería mejor decir que soy “Rionegrino”, pero hace muchos años que abandoné esa provincia. ¿Y si digo que soy de Las Termas? Aunque en realidad, sólo la visito los fines de semana. Perfecto, no hay problema, soy “Tucumano”, no obstante ni siquiera estoy habilitado para votar allí.

Por razones prácticas, al final decidí abandonar toda filosofía y decir que “Soy Argentino”, “de donde es Messi”. Ya que de lo contrario, nadie sabría de dónde provengo.

Durante el viaje, dependiendo con quién charlara, respondía cada vez con un lugar distinto.             A veces contestaba que provenía “del norte patagónico”; otras “de Las Grutas”. A veces les contaba acerca de nuestras infinitas mesetas, en otras ocasiones describía las playas vírgenes del Atlántico siendo visitadas por ballenas, también acerca de los valles desérticos del Norte.
Incluso, si mi interlocutor lo permitía, llegaba a compartirle breves esbozos acerca de ciertas problemáticas locales, como la venta de millones de hectáreas a precios viles.

Una noche dije que era de Tucumán, la gran metrópolis del Norte. Intenté describirles la belleza de sus jardines y la vida que despiertan sus habitantes, siempre rodeados de eventos culturales. No lo logré.

La mayor de las veces, optaba por Las Termas. Explicando la suerte de vivir en la única ciudad termal del mundo (no me importaba que hubiese otra en Islandia). Les hablaba de los hoteles, del dique, del lago, de sus personajes ilustres y sus músicos, de la Fiesta del Canasto y las salidas en El Chukaro, de las riñas de gallo, los carnavales, la pica con los santiagueños, las tonadas, sus variaciones, y una gran cantidad de anécdotas divertidas que me regaló Río Hondo.

En todo momento, mis interlocutores se sintieron atraídos, y hasta se animaron a preguntar por más detalles. Debo admitir que me invadió el orgulloso. La gente del frío Norte, quería saber de dónde venía, cómo éramos, y qué hacíamos. El turismo es recíproco, un ida y vuelta de intercambio cultural. Expande la mente, la empatía, y la sabiduría de quienes lo experimentan. No es casualidad que las grandes civilizaciones de la historia tengan su origen en intercambios comerciales, u orígenes marítimos. Quien conoce el mundo, conoce de vida.

El viaje a lo remoto es fuente de sabiduría. Nos permite alejarnos de nuestras preconcepciones y analizarnos desde otra mirada. Nos permite descubrir lo bueno, lo distintivo, y lo malo de nuestra tierra y nuestras costumbres. Y al final, cuando llega la hora del retorno, nos damos cuenta que nunca volvimos. Quien ha regresado, es en realidad una persona muy distinta de la que partió.

Un gran autor del siglo pasado, J.R.R Tolkien supo narrar estas experiencias. La historia de 5 hobbits, seres pequeños, campechanos, de costumbres simplonas y conformistas. Niños que se ven forzados a alejarse de la comodidad del hogar, para conocer otros pueblos, otras culturas, otras ciudades. Al regresar, ya no eran los mismos.

A fin de cuentas ¿Pude responder realmente de dónde vengo? No lo sé, prefiero seguir viajando hasta perderme, para así encontrarme.

Recomienda esta nota: