05/03/2018

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“Ahora beso con los ojos abiertos”

Los sollozos hoy son mudos, piden con dolor, rasgando la garganta, que los deje salir, pero no hay escapatoria. (Por Abbi Gómez)
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"Nuestra pasión se fue con el frío del invierno"

Los sollozos hoy son mudos, piden con dolor, rasgando la garganta, que los deje salir, pero no hay escapatoria. 

Están aprisionados entre las rejas que decidiste clavarles a su alrededor, pues no permitís darle lugar a las palabras, a las estúpidas explicaciones que tanto necesito soltar.

No le das lugar a las lágrimas, a los gritos ni a las rasgaduras temblorosas de mis manos intentando destrozar el colchón y desgarrar la piel de mi rostro del que alguna vez te enamoraste, porque de algún modo las tensiones tienen que salir, pero es en vano. Me encerraste. Nos encerraste.

Hoy me toca vivir en la amargura en que decidí sucumbirme, porque todavía no estoy lista para salir a la superficie donde los mortales residen y viven entre historias de besos pegajosos y palabras mentirosas, miradas vacías y manos frías. Yo no estoy y jamás estaré lista para eso.

Yo quiero tu mirada, quiero tus ojos, tu boca, tus manos y tus besos, que no aparentaban ser de mentira aunque hoy la duda me joda la existencia. Quizá fue mi amor hacia vos el que los pintaba verdaderos y vos sólo lo hacías porque estaba ahí y sabías que me podías tener, sabías que me tenías loca (aunque el pasado a mis verbos es absurdo, todavía me podés y me tenés loca), pero ahora dolida, por más que ya no te interese en absoluto mi existencia, ya que lo único que hice fue joderte la vida y darte problemas que no estaban en mis manos ni en mi accionar, todo fue tan ajeno...

Ruego que mis suposiciones no sean más que una simple exageración de mi consciente, porque también creo que a esos besos sí los sentías de verdad, y debo decir que esta ambivalencia es un martirio.

Hoy los sollozos me tiran de rodillas a los pies de Dios buscando consuelo para mi alma. Vivo penando, todavía no lo consigo. Disfrazo mis palabras pero mi cuerpo habla y no estoy dispuesta a callarlo, eso sería traición a mi propia expresión. Mi mirada habla pero nadie es capaz de entenderla. Los seres humanos son tan estúpidos a veces, no todos tienen la facultad de leer miradas. Creo que vos también sos así de vacío a veces, pero no te culpo, la vida no te dió opciones. Me quedo con lo que vos provocas y la transparencia que manejas.

Sos perjudicial para mi salud, sos un infarto a pocos y muchos metros de distancia. Sos capaz de asesinarme tan sólo en el recuerdo, aunque he de considerarlo suicidio, porque mi ingenuidad no tiene la audacia de echarte a patadas de todo mi sentir, ni siquiera en otros besos, ni siquiera traicionándome a mí misma intentando ser un humano ordinario de esos que besa sin sentirlo, con resentimiento.

Es cierto que ahora beso con los ojos abiertos, pero de todas formas apareces vos, aunque no los cierre, y lo único que fui capaz de sentir en otros labios fueron ganas de vomitar todo lo que traía guardado en mi interior, mezclado con unas botellas de cerveza de más, algún sábado que me dejó sollozando en el piso del baño con toda la cara y el cuerpo pegajoso de una saliva asquerosa y ajena, porque no eras vos y no conseguí matarte en el engaño. Me maté a mí misma con el dolor de una resaca que olía a la mismísima muerte. Todo intento fue en vano.

Ahora me escondo por los rincones de esta ciudad, pero aún así me encuentras y nuestras miradas a veces coinciden, otras veces se escapan la una de la otra, nuestras bocas no se sonríen y los ojos no se seducen. Nuestra pasión se fue con el frío del invierno y este calor dejó atrocidades de lo que alguna vez fue perfecto en el silencio y lejos del ojo de la gente.

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