22/12/2019

Culturas

Cine

El amor, el océano y las olas

Por: Eduardo Carrizo
“Atlantique”: romántico, crudo y místico retrato de Senegal, de algunos países de África y del mundo, del amor en tiempos de pobreza e inmigración.
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En la película, el mar no parece ese lugar paradisíaco que vemos en las publicidades de los destinos turísticos.

Para muchos de nosotros la playa, el mar, son sinónimos de vacaciones, costa atlántica, “la ciudad feliz”. Para los protagonistas de la película senegalesa “Atlantique” el oceáno es un riesgo que tienen que atravesar para buscar un trabajo, un ingreso, un futuro mejor.

El film comienza con un grupo de trabajadores africanos que le reclaman al encargado de una obra que le paguen los 3 meses de sueldo que les deben. Uno de esos obreros es "Suleiman", un joven que está enamorado. Su amante, por presión de sus padres y por necesidad económica, está por contraer matrimonio con un millonario.

Igual están juntos. Arman una cita, pero él no se presenta. Por la falta de trabajo, con sus compañeros, se fue en un bote a cruzar el mar para llegar a España. Ella se deprime, teme que le pase algo. Por buscar un trabajo, una persona puede perder la vida.

La noche en la que se casa con su prometido tiene dudas, dilemas; su cama matrimonial sufre combustión espontánea y casi se quema la casa. La policía comienza a investigar y sospechan de su joven amante; aunque ella les dice que viajó, no le creen –sus suegros, su novio, y su familia ponen en duda su virginidad-.

Con el correr de los días, las compañeras de esos obreros comienzan a sentirse raras, poseídas y se presentan en la casa del empresario a reclamarle por el dinero que les debe a los trabajadores.

Ada le dice a su marido que no lo ama, que ya no quiere estar con él, ni siquiera por conveniencia económica.

En un diálogo entre los investigadores, el mayor le dice: “Hay que cuidar la casa del empresario”. El joven le pregunta por el dinero que les debía a los empleados, y su jefe le contesta: “hay que investigar la invasión a la propiedad privada y listo, lo otro no nos importa, el empresario nos ayuda económicamente”.

En distintos momentos de la película, la directora Mati Diop filma el “océano a distintas horas, con distintas luces, activado por distintas tramas sonoras. Incandescente, calmo, misterioso, perturbador”. No parece ese lugar paradisíaco que vemos en las publicidades de los destinos turísticos.

En la ciudad se observan lugares precarios, pobreza, y otras zonas lujosas. Las creencias y tradiciones musulmanas se mezclan con otras fiebres y espíritus.

Romántico, crudo y místico retrato de Senegal, de algunos países de África y del mundo, del amor en tiempos de pobreza e inmigración.

Los dos lucharon contra distintas olas para llegar a un lugar mejor Corazones en la Atlántida.

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