16/06/2016

Culturas

Aprendiendo en el mundo

Donde Lenin duerme

Por: Nicolás Salvi
Una visita obligada en Moscú es el mausoleo donde descansa el cuerpo del líder bolchevique Vladimir Ilich Uliánov, alias Lenin. La momia socialista no es más que un cuerpo embalsamado, pero que te deja pensando y cavilando no hay dudas.

Para quienes no lo sepan, en medio de la Plaza Roja se encuentra el mausoleo donde Lenin esta embalsamado desde su muerte en 1924, abierto a las visitas de los trabajadores -y también burgueses- de todo el mundo.

Las historias sobre esta tumba son miles. En casi todo blog de viajero, hay una pequeña crónica con consejos para hacer más amena la visita al mausoleo. Entre figuras de nuestra literatura, el poeta Raúl González Tuñón en “Todos los Hombres del Mundo son Hermanos” describió con una épica pomposa su visita en los cincuentas, tiempo en el que todavía fresco descansaba Iósif Stalin, al lado de su “camarada” *:

 

“Ahí están; seguimos andando lentamente, siempre en fila, ya casi no podemos verlos.

No, no digáis nada, no hagáis ruido; están dormidos.

Han trabajado tanto y ahora duermen.

Están dormidos. Vámonos.

Aquí la guardia velará su sueño.

Ya, ya, vámonos. Pero en silencio.

No digáis nada; ellos descansan, duermen”

Raúl González Tuñón

 

También Gabo García Márquez se dio una vuelta por Moscú a mitad de siglo XX, describiendo en “De viaje por Europa del Este” como más morbosa y bizarra la experiencia de observar al pálido y tieso Vladimir:

 

“Lenin está en la primera urna. Lleva un sobrio vestido azul profundo. La mano izquierda -paralizada en los últimos años- está apoyada sobre el costado. Sufrí una desilusión: parece una figura de cera (…) No se ven los zapatos. Desde la cintura el cuerpo desaparece bajo una cobertura de paño azul, igual al vestido, sin forma ni volumen. Lo mismo ocurre con el cadáver de Stalin. Es imposible eludir la suposición macabra de que solo se conserva la parte superior de los cadáveres”.

Gabriel García Márquez

 

En mi caso, en el verano ruso de agosto pasado, tenía según mi autoimpuesto y ajetreado itinerario solo una oportunidad para ver al camarada Lenin. Tengamos en cuenta que solo tres días a la semana, de 10:00 a 13:00 hs, es la única ocasión en que el público puede acceder a la tumba.

Día nublado, clima afable. Llegué a la Plaza Roja para encontrar una fila que superaba los 150 mts ya a las 9:30, compuesta en su mayoría por chinos.

A los 110 mts -por decir un numero- denoté un grupo de italianos quejándose con su guía por el tiempo que había que esperar. Siendo italiana mi segunda nacionalidad e italiano mi segunda lengua gracias a mis padres, pude mezclarme con ellos y ganar unos metros. Ellos estuvieron de acuerdo con que me una a su grupo para esta pequeña aventura porque “los italianos debemos estar juntos cuando los rusos y los chinos están al asecho”.

Charlamos obviamente de Italia y Argentina, nos quejamos de los políticos, curas y futbolistas. Después compartimos visiones de Rusia. Según Stefano, demócrata romagnolo, empleado y critico arquitectónico aficionado “Moscú es muy rusa, sin gusto y llena de chinos que no dejan apreciar nada” y en cuanto a la capital imperial “San Petersburgo pagó este viaje, una verdadera ciudad europea, un orgullo para nuestro continente”.

A las 10 en punto la fila comenzó a avanzar. Lo hacía rápidamente, puesto que el acceso es gratuito y no está permitido detenerse ni sacar fotos en ningún momento.

Los tanos mostraron alivio. La mayoría no tenía deseos de estar ahí, era más una cuestión de tachar objetivos turísticos y tener una anécdota más. Los chinos… siguieron siendo chinos.

En el avance, dos rusos se colaron detrás nuestro. Stefano y su esposa, en una actitud paternalista, me dijeron que me acerque y cuide mis bolsillos. Discusiones de inseguridad entre latinos, estaba en casa.

Ya en la zona vallada, uno camina y ve los nombres de los jerarcas allí enterrados, hasta que se entra al negro mausoleo. Ahí dentro, iluminado con tenues luces rojas, los asistentes se disponen a dar la ronda donde se ve un tremendo pedazo de historia.

¡Ahí esta! Es Lenin, así como en los cuadros y fotos, el revolucionario más famoso del siglo pasado descansa perfectamente conservado. La pelada, su barba y pulcro traje están impecables, custodiados metro por metro por guardias que se dedican a callar a quienes comentan y evitar cualquier intento de fotografiar. Ni un detalle le falta a la marca más importante de la URSS luego de la hoz y el martillo.

La emoción me tocó porque no pensé que fuera tan 3D la experiencia, que trae toda imagen que uno tenga de Lenin a la cabeza en el breve y solemne momento que se tiene para guardar en la memoria, sin importar lo que se fuera a buscar en este sepulcro.

A mi salida, parado en la Plaza Roja, racionalizando la experiencia, Stefano me tocó el hombro y me dijo al oído con un tono similar al de comedia campechana porteña: “Mientras no tengas hijos y una vieja insoportable de esposa, viaja a lugares más divertidos que este. Chau”.

Mientras el romagnolo se alejaba con su grupo, me quedé pensando que hubiera considerado Lenin (que ciertamente nunca hubiera autorizado ser embalsamado, expuesto e idolatrado cual icono) de lo que Stefano me dijo. Ninguna respuesta racional viene aun hoy a mi mente.

-.-

 

“En Lenin admiro al hombre que ha puesto en juego todo su poder, con una completa negación de su persona, para la realización de la justicia social. Su método no me parece oportuno. Pero es cierto que hombres como él son centinelas y renovadores de la conciencia de la humanidad”

Albert Einstein

 

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*Stalin estuvo embalsamado junto a Lenin desde su muerte en 1953 hasta 1961, cuando fue retirado en plena campaña de “Desestalinización”.

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