19/03/2018

Deportes

Emoción

Yo quiero a mi bandera

Por: Eduardo Carrizo
Antes de que comenzara el partido, con los cerros del Valle de fondo, jugadores de Las Termas y Catamarca izaron la bandera Argentina, y emocionaron a los hinchas presentes en el estadio Primo A. Prevedello.
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Foto: Matías Gramajo- Mesa Deportiva

Por la pasión con la que se vive el fútbol en nuestro país, cuando va a comenzar un partido entre dos equipos rivales, parece una escena de cowboy: dos personas-equipos en un campo desierto que se miran con nervios, recelo, con ganas de vencer al contrincante, al rival. Con sus banderas, fuegos artificiales, bombos, y cánticos, las hinchadas parecen alentar a sus gladiadores  a la guerra.

Pero ¿cómo hacer para que esos dirigentes, técnicos, jugadores, hinchas recuerden que se trata de un partido de fútbol y no una guerra; para que recuerden que son hermanos, y no enemigos?

El sábado, el Club Atlético Los Dorados de Las Termas enfrentó al Club Independiente de San Antonio de Catamarca por el Torneo Federal C. El equipo de Río Hondo había ganado 1 a 0 en el partido de ida, y ahora el conjunto catamarqueño buscaba una victoria por más de 1 gol para dar vuelta el resultado.

A las 17:55, antes de que iniciara el encuentro, con los cerros del valle de fondo, acompañados por el juez, los capitanes de los dos equipos, se acercaron a un mástil ubicado adentro del estadio y, juntos, izaron la bandera Argentina. Todos los hinchas presentes en el estadio hicieron silencio, se levantaron, y acompañaron la ceremonia.

Quizás embargados por el paisaje o la emoción del encuentro, fue uno de los momentos más emotivos de la jornada. Este simple detalle, gesto, recordaba a santiagueños y catamarqueños, que eran hermanos argentinos. Que sobre los interes particulares de cada club, están los intereses colectivos, nacionales, humanos. 

Durante el partido, hubo momentos de fricción, lucha, empujones, pero al final del cotejo, con la victoria por penales de Los Dorados, la hinchada local que se encontraba en la tribuna popular se retiró en silencio, y los jugadores se abrazaron en el campo de juego.

Al finalizar, no se produjeron incidentes, ni hechos violentos; el fútbol, como hecho cultural y deportivo, terminó uniendo a los pueblos.   

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