23/07/2016

Deportes

Jugador de la Fecha

Por las drogas iba a dejar el fútbol, se rehabilitó, y le dio el triunfo a 25

Por: Eduardo Carrizo
A los 15 años comenzó a consumir alcohol, marihuana, cocaína, pastillas. A los 20 se internó en la Iglesia del pastor Abel Soria. Hoy, se encuentra rehabilitado y volvió a jugar a la pelota.
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"No lo esperaba, por eso siento una gran alegría en el corazón"

El viernes, 25 de Mayo le ganó el clásico barrial a Agua Santa por 2 a 1. En esa jornada, las tribunas se vieron colmadas por hinchas, banderas, fuegos artificiales, y adentro y afuera de la cancha, se vivió una gran fiesta popular.

El equipo patrio basó su victoria en las atajadas de Pablo Ávila, el juego de Matías Aribay, la garra de “Matapollo” Chávez, y la velocidad de Maximiliano “Tarila” Orellana. Maxi nació y se crío en el barrio, precisamente en la calle Juan Manuel de Rosas. Como sus 7 hermanos, realizó sus estudios primarios en la Escuela Rafael Obligado Nº 761, y dejó la escuela secundaria en primer año.

A pesar de ser hijo de Carlos Orellana, un efectivo policial, en la adolescencia probó el alcohol, la marihuana, cocaína y pastillas. En esos estados, cometió delitos menores, pero nunca fue detenido. Como otros pibes del barrio y la zona, por su velocidad pintaba para ser un buen jugador de fútbol, sin embargo por las adicciones, se fue alejando del deporte.

A los 20 años, un amigo lo invitó a ir a la Iglesia Jesús Da Vida, del Pastor Abel Soria. Al principio decía: “ya voy a ir” y al final no iba. Hasta que finalmente asistió a una reunión. Desde esa fecha, vivió un proceso que lo llevó a dejar las drogas, rehabilitarse, trabajar en la Iglesia, y volver al fútbol.

“Hace 2 años que no jugaba un clásico barrial, y le agradezco a Dios porque pude hacer el gol con el que ganamos el partido. No lo esperaba, por eso siento una gran alegría en el corazón” expresó en diálogo con Voces.

“Le agradezco al cuerpo técnico, a mis compañeros, a la hinchada que nos alentó a pesar de que íbamos perdiendo, y por el esfuerzo de todos lo dimos vuelta y obtuvimos el triunfo” destacó.

“Le agradezco a Dios que pude salir de las adicciones, de la delincuencia, de todas esas cosas en las que caí por los golpes de la vida. Ya estaba dejando el fútbol, pero comencé a ir a la iglesia, y Dios me ayudó a través de los pastores, de las personas que están ahí. Yo viví un año en la Iglesia, y ahora estoy sirviendo en la Iglesia, contándoles a los jóvenes lo que Dios hizo conmigo”.

“Muchos de mis amigos salieron, y otros no, porque además de la ayuda de Dios hay que tomar una decisión, poner voluntad, decir sí o no” finalizó.

A pesar de ir perdiendo, ayer, 25 de Mayo puso garra y, con un hombre de menos, dio vuelta el clásico. Por las adicciones, Tarila iba perdiendo el partido más importante de su vida, pero con la ayuda de otras personas, y por voluntad propia, logró cambiar el resultado.  Hoy un barrio, una comunidad, festeja su triunfo.  

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