07/01/2022

Economía

Crónica

“Que tengan una buena temporada”

Por: Eduardo Carrizo
“Está lleno de gente, de trabajo, pero también de covid” resume Nely, una vecina que acompañó a su familia que trabaja en la costa atlántica. Mientras su esposo y sus hijos trabajan en la gastronomía, ella cuida a sus nietos y la pieza que alquilan en una vecindad en la que viven trabajadores golondrinas de Los Ovejeros, Chañar Pozo, La Aguada y Villa Nueva.
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Trabajadores de Las Termas en Villa Gessel

Aunque en los últimos años Las Termas creció y se generaron puestos laborales todo el año, la mayoría de la población de Río Hondo sigue migrando en verano en busca de un trabajo. Algunos viajan en noviembre, otros a principio de diciembre y el grueso entre las fiestas.  

 

El primer paso es el viaje. El precio de un boleto en un colectivo de línea es de más de $12.000, mientras que viajar en un colectivo “trucho” está la mitad. Le dicen “trucho”, pero sale desde la Terminal de Ómnibus y muchas de las unidades tienen un servicio a la altura de un oficial. “Te doy $3500 ahora y a la vuelta el resto” le dice una joven a Juvencio. “¿Cómo te voy a decir que no mhija?” la muchacha sube al colectivo y se va a San Bernardo donde ya están su padre y su hermano. Una joven le dice a otra “¿cómo no le pediste el boleto a la muni?”. "No tengo contactos" le contesta. 

 

En el trayecto algunos van viendo y cargando sus celulares, otros leen, otros duermen, otros se van conociendo. El colectivo para a la noche: algunos llevan bebidas y sándwiches, otros compran en el parador; a la mañana hace otra parada en una estación de servicio, y al mediodía comienza a ingresar a la costa. Primera parada: San Clemente, después Santa Teresita, Villa Gessel y así hasta llegar a Mar del Plata.

 

Mientras se despiden, los golondrinas se dicen: “que tengas una buena temporada” que suena como un rezo, como un mantra.     

El segundo paso es ir al alquiler en el que los esperan sus empleadores, familiares, amigos o conocidos. En general son habitaciones que comparten 2, 4, 6 personas y que cada uno paga entre $2.000 y $10.000 por mes. En esos espacios reducidos hay camas cuchetas, una cocinita, una heladerita y un baño. “La usamos para dormir nomás porque trabajamos todo el día” explica un joven. “El baño es masomenos” describe otro. “Pero son 2 meses nomás. Nos tenemos que sacrificar”.    

 

El tercer paso es trabajar: en la hotelería, en la gastronomía, en comercios, en la playa, en las calles. A algunos los reconoces porque en sus trincheras escuchan guaracha. El año pasado, (2021) por la pandemia, fue una de las peores temporadas de la historia, pero la de este año (2022) comenzó muy bien y proyectan que será una de las mejores de las últimas décadas.

Desde que comienzan a trabajar, las y los golondrinas no paran. 4, 5 horas a full. “Hoy nos dieron paliza” se cuentan cuando se reúnen a la siesta. Se dan una ducha, duermen un rato y vuelven a su puesto. Marche, lleve, y cuando miran el reloj son 2, 3 de la madrugada. No va más. Mañana será otro día.

Algunos trabajan en el mismo lugar hace muchos años, otros comienzan en un lugar nuevo. A algunos les pagan $1.800 por día a otros $3.000, $3.500. Algunos trabajan en 2 lugares, otros hacen la diferencia con la propina. Un pequeño grupo se vuelve: “me querían pagar lo mismo que en Las Termas pero aquí todo es más caro. No me conviene”.   

En este contexto, el cuarto paso es salir ileso del covid. Porque como dice Nely “está lleno de gente, de trabajo, pero también de covid”. Para algunos turistas esta temporada es como estar “yendo de la playa al hospital”. Además de la preocupación lógica de cuidar la salud, para las y los golondrinas se suma que si se tienen que aislar pierden días de trabajo, de pago, a menos que tengan un/a buen/a empleador/a. Si el golondrina siente un resfrío o que le pica la garganta piensa “no me voy a hacer hisopar, ya se me va a pasar”. Las playas y el centro están llenas, en diferentes proporciones, los hospitales y los centros de testeo también.

-“¿Esperaste mucho?” le pregunta una doctora a un golondrina.

-2 horas, pero sé que están haciendo lo posible.

La médica le toma la presión, la temperatura, le mira la garganta y la dice: “tenés faringo amigdalitis. No hace falta que te hisopes. Toma esta medicación aquí en el Hospital te la van a dar gratis”.

El golondrina suspira aliviado.

Mientras viven todo esto, a las y los golondrinas les llegan noticias de que Las Termas es un infierno. “Hace mucho calor y no hay nadie. Aguantá que allá estás trabajando y estas fresquita/o” les describen y los alientan. "Acá también está lleno de Covid".

Y es cierto. Porque allá, cuando salen del trabajo sienten un viento fresco. Y aunque hay veces que hace mucho calor, el calor es distinto. Más cuando se hacen un tiempo para jugar en la arena, con una ola, pasear por la costa o por el centro. Encontrar, conocer, olvidar, retomar.  

Supongamos que se fueron a la costa atlántica 10.000 trabajadore/as golondrinas. Que cada uno/a vuelve con $50.00. En total son $500.000.000 que inyectarán a la economía de Las Termas pagando deudas, comprando productos nuevos, construyendo o remodelando una casa, abriendo un negocio o servicio. La economía de Río Hondo les debe mucho a esto/as obrero/as. No son sólo los turistas los que traen recursos económicos a esta ciudad.

Muchos cuando terminan el año en una actividad laboral se dicen “felices vacaciones”, y se van a pasear, cuando las y los trabajadores golondrinas se van, en medio del vuelo, se dicen, “que tengas una buena temporada”.

Un deseo, un rezo, un mantra.


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