23/02/2017

Editorial

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El peligro de demoler la historia

Por: Nicolás Salvi
Esta semana el Consejo Deliberante de San Miguel de Tucumán aprobó la expropiación de la Casa Sucar, una edificación icónica de una época, salvando a la misma de su demolición. Este hecho esperamos, nos ayude a reflexionar sobre lo que un patrimonio arquitectónico representa para cualquier pueblo de cualquier ciudad.
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Casa Sucar. Fotografía: Nicolás Salvi

La Casa Sucar fue construida en 1923 por una acaudalada familia de la capital tucumana. Es una casona hermosa y particular, con rasgos modernistas únicos, y en la que no solo interfirieron arquitectos y albañiles en su construcción, sino también artesanos.

A lo largo del siglo XX fue pasando de mano en mano, hasta que en 2012 comenzó a hacerse eco que una empresa privada propietaria de la misma planteaba demolerla para realizar allí un proyecto inmobiliario. Gracias a la lucha de vecinos, la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNT, y otras organizaciones, se pudo conseguir que el gobierno local tome cartas en el asunto, y por medio de la expropiación de la misma, se consiga protegerla.

Esto viene a romper con una tradición tucumana que poco interés a prestado a su legado urbano. Sabemos, por ejemplo, que lo único original que se conserva en la Casa Histórica de la Independencia (Casita de Tucumán para la gente del sur), fue prácticamente demolida en su totalidad y luego reconstruida, conservándose solo el Salón de la Jura en su estado original.

Más trágica es aun la historia del antiguo Cabildo de Tucumán, demolido totalmente en 1908 bajo el gobierno de Luis F. Nougués, para construir allí la actual Casa de Gobierno frente a la Plaza Independencia.

Esta desidia no es gratuita. Al día de hoy, Tucumán perdió la armonía de su paisaje urbano, construcciones únicas de su historia y con eso, personalidad y oportunidades. No es solo la mística propia lo que se disipa.

Veámoslo desde un punto de vista utilitarista. El turismo cultural y arquitectónico suele ser una gran entrada de divisas para los destinos, y Tucumán cede mucho terreno en este ambiente frente a ciudades como Salta, Lima o Quito, que han sabido mantener mejor su valor fundacional. Muchos turistas quedan decepcionados a la hora de la visita a San Miguel, sintiendo que no hallaron esperaban encontrar.

Todo esto lo digo, siendo que en mi opinión es la capital del Jardín de la Republica la ciudad más bella del NOA, gracias a esta mixtura de arquitecturas superpuestas a un ecosistema natural único coronado por un cerro hermoso. Pero esto no quita que la indolencia urbanista no haya dejado marcas horribles en su paisaje.

Yendo ahora al caso de nuestra ciudad, de Las Termas de Río Hondo, es claro que, al ser una ciudad joven y pequeña, al día de hoy no cuenta con tan basto patrimonio urbano como lo tienen estas grandes urbes de casi 500 años. De todos modos, eso no quita que aunque más pequeño, el patrimonio si lo tiene.

Hoy mismo no hay nada que proteja este actual e incipiente valor arquitectónico que día a día va formándose en Las Termas. Ejemplos de indiferencia ante tal cuantía cultural no faltan, siendo el más representativo la reforma total de la Plaza San Martin, demoliendo todo lo que en ella existía.

Debemos plantearnos el coste que para nuestra historia tienen las construcciones de la ciudad, porque puede que luego nos lamentemos de la destrucción del mismo, o peor aún, no podamos hacerlo porque ni recordemos que debajo de un gris y frío edificio que nada tiene que ver con nosotros, había un palacio, mansión o casita que si tenía mucho que decir sobre lo que fuimos, somos y seremos.

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