11/01/2016

Religiones

Debate

¿Cristianos neoliberales?

Por: Eduardo Carrizo
Algunos cristianos consideran que la solidaridad comienza y termina con una oración o rezo en la que se le pide a Dios que “cuide a los pobres”. Mientras que dar de comer o beber a alguien que lo necesita sería “demagogia”, “asistencialismo”, o “mantener vagos”.
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"El Papa Francisco le ha impreso un nuevo gesto y discurso a la Iglesia Católica"

Siempre estuve ligado al cristianismo. Aunque no hice la comunión, la confirmación, y nunca fui miembro de la Iglesia Católica, cuando era niño, acompañaba a mi abuela o a mi tío a la Iglesia Evangélica; a los 14 años, por voluntad propia, me hice miembro de la Iglesia Adventista del 7º Día; y aunque luego dejé de ser un integrante activo, hice la Tecnicatura en Comunicación Social en una Universidad Religiosa de esta denominación (Universidad Adventista del Plata).

Durante mi estadía en esa Casa de Estudios, conocí personas con las que hasta el día de hoy mantengo contacto o amistad a través de Faceboock. Como se sabe, en los últimos años, la mayoría de los ciudadanos publicamos nuestras opiniones políticas en esta red social. Me sorprendió observar que muchos de esos cristianos o adventistas que conocí, tienen posturas cercanas al “neoliberalismo”, en el plano nacional o internacional. Aunque la Biblia, la base de las creencias, los valores, principios, y comportamientos que debe tener un cristiano, no fija qué postura ideológica-partidaria debe tener uno de sus miembros, habla acerca de sentir, pensar y hacer cosas por el prójimo, planteo contrario a los postulados neoliberales del individualismo y la competencia.     

En Mateo 25:35, hablando con sus seguidores, Jesús dijo que volvería por segunda vez y salvaría a las personas porque: “Tuve hambre, me diste de comer, tuve sed, me diste de beber, fui extranjero me recibiste, estuve enfermo o preso me visitaste” ya que él viviría en las personas que estuvieran en esa situación. 

De acuerdo a lo que se puede inferir de las opiniones de esos “cristianos neoliberales”, en la actualidad dar de comer o beber a alguien que lo necesita sería “demagogia”, “asistencialismo”, “mantener vagos”. Visitar a alguien que está en la cárcel sería darles más “derechos humanos” a las personas que cometen delitos, sería “pagarles” como si hubieran hecho algo bueno. Recibir a un europeo o a un anglosajón sería recibir turistas, mientras que recibir a bolivianos, peruanos, chilenos, sería recibir a potenciales delincuentes, narcotraficantes, o competencia laboral. Multiplicar los panes y los peces para distribuirlos en partes iguales, sería “populismo”. El progreso material de una persona –tener una casa, un auto, vacaciones- sería una bendición, mientras que ser pobre materialmente no sería producto de un sistema desigual donde, a través de la explotación, pocos tienen mucho, y muchos tienen poco, sino la consecuencia de “ser vago”.

Estas posturas quizás sean producto de que esos cristianos consideran que la solidaridad comienza y termina con una oración o rezo en la que se le pide a Dios que “cuide a los pobres”, o en la entrega de ropa, alimentos no perecederos, o el diezmo a Cáritas o a Dorcas, u otros Departamentos de las Iglesias que se ocupan de la tarea solidaria. Quizás no conciben que en sociedades organizadas en Estados, la solidaridad también se ejerce a través del pago de impuestos –los que más tienen aportan más para que el Estado reparta entre los que menos tienen-; la creación de fuentes de trabajo formales –en blanco, con obra social y aportes jubilatorios-; consumo de productos o servicios de pequeños artesanos y productores.

 

En San Juan 2:13, ese discípulo narra que Jesús descubrió que había personas que comercializaban animales y cambiaban dinero en un templo, por lo que decidió correrlos a latigazos. La sociedad cristiana actual también considera que todas las cosas son bienes que se pueden comprar y vender: los recursos naturales, el trabajo, la educación, la salud, la fe, no derechos humanos básicos que deben ser garantizados.

Cuando se aprobó la ley de matrimonio igualitario, la mayoría de las iglesias se opusieron a que ciudadanos de un mismo sexo contrajeran matrimonio civil –no en la iglesia-, por lo que se opusieron a que esas personas contrajeran, dentro de la sociedad, derechos que les ayudaran a vivir mejor. La mayoría de las iglesias siguen considerando que la homosexualidad es un pecado, y tratan de transgresor a quien interprete o actualice las enseñanzas bíblicas de otra manera, desconociendo que si la interpretación y la aplicación de la biblia no se actualizara temporal o culturalmente, las sociedades cristianas seguirían apedreando a las mujeres adúlteras, o matándose “ojo por ojo y diente por diente”.   

En la Edad Antigua, se creía que había cosas que eran del César, en ese contexto, Jesús dijo: “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”, después de las luchas y revoluciones sociales que se realizaron a lo largo de la historia de la humanidad, sabemos que “Dios no pone al César”, y que “nada es del César”, que “todo es del pueblo, para el pueblo y por el pueblo”. 

La promesa de un futuro paraíso donde todos seamos iguales, donde no haya pobres y ricos, enfermos, muerte y egoísmos, no debe quitarnos la esperanza y la voluntad de hacer, aquí y ahora, algo mejor para nuestro prójimo, sobre todo para los que menos tienen.   

El Papa Franciso y el Neoliberalismo

Aunque históricamente siempre fue la Iglesia Protestante la que ha tenido posturas políticas progresistas, en los últimos años esta se ha vuelto conservadora, y el Papa Francisco le ha impreso un nuevo gesto y discurso a la Iglesia Católica. Como ejemplo de esto, en su Exhortación Apostólica Evangeliigaudium plantea: "Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas”.  

 

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