19/06/2020

Sociales

Historia de vida

“Me gustaba poner bellas a las mujeres”.

Por: Eduardo Carrizo
Recientemente, Lelia Arminda Páez Gorosito cumplió 89 años. Trabajó más de 7 décadas como peluquera, embelleciendo a las mujeres de Las Termas.
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“Las Termas está hermosa. Faltan algunos toques nada más” define con su mirada estética

Lelia Arminda Páez Gorosito nació y vivió hasta su adolescencia en Santiago del Estero capital. A fines de la década de 1940, su tía administraba el Hotel Naranjo en la ciudad termal. “Mi mamá vino un domingo a ayudarla a hacer empanadas y no la dejó ir más” recordó.

Acompañando a su madre y ayudando a su tía, comenzó la historia de “Leli” en Río Hondo. “Mi mamá era modista y yo aprendí peluquería en Santiago. Soy profesora de labores y corte y confección” contó.

Como muchos trabajadores, en el invierno trabajaba en Las Termas y en el verano en Mar del Plata. A fines del 50, abrió su primera peluquería en la calle Rivadavia, a la par de donde en la actualidad se encuentra Casa Elba. “En esa época no había muchas peluquerías, pero era una ciudad que iba a crecer”.

Con trabajo y esfuerzo, en 1978 abrió su propio local en la intersección de las calles Rivadavia y Pasaje Borges. Tenía como colegas a peluqueras como “Lola”, “Mara”, “Nori”. “Siempre me gustó trabajar. Trabajaba de 8:00 a 22:00, y me gustaba porque hablaba con la gente, me gustaba poner bellas a las mujeres” expresó.

Por su peluquería pasaron trabajadoras, emprendedoras, artistas, famosas. Luego de vivir en el barrio Sector El Alto con sus 2 hijas, en 1999 compró otra casa y en el 2003 se mudó al lugar donde vive en la actualidad y donde trabajó en sus últimos años.

“Las Termas está hermosa. Faltan algunos toques nada más” define con su mirada estética. Con su experiencia, opina sobre esta situación que atraviesa el mundo y el país: “Uno no está muy tranquilo pero pienso que Dios nos va a acompañar, y va a pasar todo esto”.

Todo pasa. Como pasaron sus años en Santiago, en Termas, en Mar del Plata. Su vida privada, familiar, laboral. Sus hijas. Sus nietas. Sus salidas con Tilila Mukdise. Los tiempos. “Me divorcié pero ya me olvidé, tuve una vida feliz” concluye.

Mirando el salón, Susana, una de sus hijas comenta: “Ella tuvo un montón de certificados, premios, por sus estudios, por su trabajo; pero la experiencia queda en la persona no en un papelito”.     

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